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Mi Madre fue Una Lágrima Sonriente.

Dominga Auxiliadora Perez Huerta

October 5, 1953 — March 30, 2026


“No la pinté así, la veía así.” – FdlM


Es costumbre de los nicaragüenses canonizar a los muertos; yo no comparto esa práctica.

Mi madre no era perfecta; era un camaleón de personalidad, experiencias, facetas; y eso la hacía interesante y tridimensional. Alguien a quien yo deseaba conocer más a fondo y sobre quien quería escribir. Para muchos, mi madre fue una heroína. Para mí, una especie de guerrera o diosa mítica, con toda la complejidad y prepotencia. Llena de belleza, fuerza y una habilidad gigantesca de amar. Daba y también quitaba. Fue sumamente femenina, original, única. Sus últimos dos meses fueron bastante dolorosos, pero a la vez mágicos, por las muchas historias que contaba en su delirio. A pesar de su estado, logró dejar una buena huella en el personal del hospital. Mamá fue una maestra.


Peacemaking Ballad For The Maternal Expressionist - 2019
Peacemaking Ballad For The Maternal Expressionist - 2019

No me crió para que me derrumbara ante la adversidad; me enseñó la gratitud y la resiliencia.

A ser como el bambú: que, durante la tormenta, puede inclinarse, pero nunca romperse. La última vez que pasé un día entero con ella, se alegró mucho cuando entré. Una de mis hermanas le preguntó si sabía quién era yo. Emocionada dijo: “¡Claro! ¡Es Robert De Niro!”. Más tarde, a solas, en un medio minuto de aparente lucidez, me dijo: “Entre más viejo, más te pareces, hijo”.En otro momento (a pesar de ser evangélica por más de una década), lloró y me dijo que la única que había estado a su lado y, en ese instante, tras su cabecera, era la Virgen de Guadalupe, a quien había encomendado su espíritu. Me pidió que le diera una ofrenda, lo cual cumplí al llegar a Nueva York después de esa visita.

Hospital digital sketch
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Nadie te enseña cómo guardar el duelo por tu propia madre. Esa es ahora mi tarea, la nueva lección que me deja. Decidí conservar únicamente el amor que sabía que ella sentía por mí, pues lo sentí hasta nuestra última conversación y en su forma de apretar mi mano cuando ya no podía hablar.


Falleció rodeada de las personas que amaba, entre el canto de sus hijas, el mío, poemas, salmos y oraciones. Sin duda, se fue demasiado pronto. Ella fue mi expresionista maternal, y estoy agradecido por su vida y por la mía.


Mi madre fue una lágrima sonriente.


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